A propósito del Tribunal del Jurado y la participación ciudadana en la justicia

La justicia como elemento del procomún.

El marco teórico del procomún, brillantemente explicado por la Premio Nobel de Economía Elinor Ostrom (*) está conociendo un desarrollo conceptual y práctico importante: la creación de conocimiento en la red, la producción cultural, la gobernanza, la administración abierta…

Quiero aportar un minúsculo grano de arena a esa reflexión aprovechando que el Tribunal del Jurado ha adquirido una cierta repercusión mediática a partir del juicio al expresidente de la Generalitat Valenciana Francisco Camps.

El “procomún” (provecho común) es una traducción del anglosajón “commons” y se refiere a “aquellos bienes, recursos, procesos o cosas cuyo beneficio, posesión o derechos de explotación pertenecen a un grupo o a una comunidad de personas”.

En palabras de Antonio Lafuentepertenece al procomún todo cuanto es de todos y de nadie al mismo tiempo”. Se trata, continúa, de bienes sacados del mercado y que, en consecuencia, no se rigen por sus reglas. No son (no debieran ser) mercancía, por ejemplo: el aire, la luz del Sol, la biodiversidad, el genoma…, pero tampoco el folklore, los lugares de la memoria (el yacimiento de Atapuerca o el campo de concentración de Auschwitz,) la ciencia, la democracia, la paz, las semillas, la gastronomía….

La justicia, como concepto y como valor debiera ser uno de esos bienes comunes, que nadie se debería poder apropiar. Para que no sea simple retórica hacen falta medios que faciliten ese carácter común e impidan su apropiación. Uno de esos medios es la intervención ciudadana en la realización de la justicia.

La justicia emana del pueblo, dice el artículo 117 de la Constitución, pues para que sea eficaz esa afirmación, es necesario que el pueblo esté más presente en la administración de la justicia, tanto en los tribunales (Jurado, acción popular) como controlando y, ¿por qué no? eligiendo al órgano de gobierno de jueces y magistrados (Consejo General del Poder Judicial) para evitar que sea un simple intercambio de cromos entre las opciones políticas mayoritarias.

(*) Elinor Ostrom. “El gobierno de los bienes comunes. La evolución de las instituciones de acción colectiva” Fondo de Cultura Económica. México 2011 (La primera edición en inglés es de 1990)

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