Sobre referendums y democracia directa

Mucho se está hablando últimamente sobre referéndums y democracia directa. Especialmente en Cataluña, ha adquirido un nuevo empuje a partir del Once de Septiembre y se ha puesto en la agenda política el debate sobre el referéndum para la autodeterminación.

Yo, modestamente, quería escribir algunas reflexiones sobre la democracia directa en particular y la calidad democrática en general y, de nuevo, no he sabido cortar mi inspiración y en lugar de un post me ha salido una ponencia de 11 páginas, así que aquí os dejo las conclusiones del documento que he perpetrado y, si os apetece, leedlo entero. Os aseguro que resultan muy interesantes los debates sobre cómo la Constitución de 1978 pasó de tener incorporado el referéndum, vinculante y por iniciativa popular en algunos casos, al actual redactado en el que no tiene ninguna significación y que, se ha utilizado muy poco. Aquí está el texto entero en castellano.

El referéndum y la democracia directa podían haber sido posibles

Si la Constitución de 1978 no incorporó el referéndum y otros mecanismos de democracia directa fue por temor al pueblo y por la voluntad de mantener o consolidar un sistema parlamentario basado en los partidos políticos.  A algunas  personas (yo soy una de ellas) no nos parece justificable la falta de coraje para hacer una verdadera ruptura con la dictadura y apostar por una democracia más avanzada. Otras justifican esta opción teniendo en cuenta el momento histórico.

Pero esta última lectura no deja de tener un contrasentido. ¿En qué quedamos? ¿El pueblo es soberano o no lo es? ¿Sólo es soberano y puede decidir en materia política cuando le interesa a un partido en concreto? O ¿Es soberano siempre y si no es capaz de entender o aceptar determinadas políticas puede tener el derecho de pedir su derogación? Si no acepta lo que dice la mayoría de la Cámara ¿quién es  responsable, el pueblo o la Cámara? Si la gente no tiene capacidad para innovar, ¿será mejor explicar la innovación o se la impone desde la tecnocracia o la ilustración (más o menos despótica)?

Parece evidente que las Cortes constituyentes dejaron la puerta abierta para incorporar nuevos mecanismos de democracia “directa y semidirecta” para “compensar” el excesivo peso de los partidos y evitar la partidocracia. Han pasado más de tres décadas y todavía no ha habido ningún movimiento para cambiarlo y el poder de los partidos políticos es evidente.

Si el primer texto de la Constitución recogía esa posibilidad, ¿por qué ahora no tendría que ser posible? Ahora, justamente ahora, que se da un creciente alejamiento de la ciudadanía respecto de la política. Esta herramienta puede ser un buen instrumento para facilitar más implicación y participación ciudadana en los asuntos públicos.

Por supuesto que se puede utilizar el referéndum para ejercer el derecho a la autodeterminación. Es un derecho indiscutible, pero el instrumento referendario no se puede limitar solamente a eso,  tiene que poder utilizarse también respecto de otras políticas, respecto de otras materias.

Es necesario y es posible. La Constitución tiene más de 30 años y es absurdo darle un carácter de inmutabilidad, casi de revelación divina, puesto que los tiempos cambian, la sociedad cambia y hay que adecuar las normas a los cambios. Y los cambios necesarios no solo los relativos a la democracia directa, pero eso es otro tema.

Mientras tanto ¿es posible incorporar la democracia directa sin modificar la Constitución?  Habría bastante, en mi opinión, con modificar la ley orgánica 2/1980 reguladora de las diferentes modalidades de referéndum.

Sin embargo ¡atención! Hay que tener en cuenta, como dice David Altman, que los referéndums los carga el diablo y que nadie piense que sus resultados garantizan la victoria a quien convoca. No nos volvamos locos y queramos trasladar el debate político al ámbito referendario. En Suiza, el país que más referéndums hace de todo el mundo, los promotores pierden el 80% de los que se convocan[i].

Igualmente, debe tenerse presente  que si no se avanza también en las otras dimensiones de la democracia, la representativa  y la dialógica  el sistema continuará incompleto. Es necesario abordar también estas dimensiones en un hipotético programa de trabajo para mejorar la calidad del sistema democrático.

Pero de eso ya hablaremos en otro momento.


[i] Guía de la democracia directa en Suiza y más allá. Bruno Kaufmann, Rolf Büchi, Nadja Braun. Initiative & Referendum Institute Europe. 2007,  p. 150

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11 respuestas a Sobre referendums y democracia directa

  1. No hay mal que por bien no venga y el hartazgo colectivo por un sistema y clase política, nos lleva a la necesidad de identificar los problemas de fondo e inventar, perfeccionar y descubrir sistemas alternativos, que nos liberen de métodos rígidos y aborden los problemas de nuestra sociedad con aires nuevos. Como dice Fernando, la democracia directa acercaría la ciudadanía respecto a la política, pero hay que tener un punto de vista amplio de la situación e identificar el problema sistémico.

    Le democracia directa es mejor que la representativa? La respuesta rápida es que, seguramente. Pero la democracia directa dará peores resultados que la democracia líquida.

    Creo firmemente que la democracia líquida (Liquid Democracy) es la alternativa que más imperfecciones solventa de nuestro actual sistema representativo ya que da solución al problema de una clase política “compradora de votos” y la sustituye por una élite de pensadores, tecnócratas, que entre todos hemos decidido que son los mejores capacitados para solventar cada problema que se nos plantea.

    Esto puede llevarnos a a prejuicios simples o a muchas preguntas interesantes.

    Es el pueblo lo suficientemente maduro en su conjunto como para gobernarse y elegir grandes reformas ante otras? Aunque sean dolorosas? Es la responsabilidad colectiva mejor en la toma de decisiones que la individual?

    La sabiduría de un gran grupo con suficiente diversidad cognitiva siempre dará resultados más cercanos a los óptimos que el del mejor experto de ese mismo colectivo. Bastaría revisaran los trabajos de Surowiecki, Eric Bonabeau o más recientemente Hélène Landemore.

    Gran artículo fernando.

  2. Pingback: Sin referéndums no hay democracia | ASSEMBLEA VINARÒS

  3. Antonio Ibáñez dijo:

    Coincido con Fernando en que antes de ampliar los instrumentos de democracia directa, habría que reformar el sistema de democracia representativa para hacerlo más próximo al ciudadano.
    Puestos a introducir elementos de democracia directa en manos de lo ciudadanos, habría que acotarlos claramente para evitar, por ejemplo, que la mayoría pueda decidir sobre los derechos fundamentales de las minorías.
    Por cierto, para mejorar la democracia directa, introduciendo por ejemplo un referéndum abrogativo de iniciativa popular, habría que reformar la Constitución, pues el art. 92.3 CE no parece permitir que la reforma se introduzca mediante la LO 2/1980.

    • Gracias por tu comentario, Antonio; es especialmente bienvenido por tu profundo conocimiento sobre la materia. Tienes razón en cuanto a la interpretación atrevida que hago de las posibilidades de “forzar” el contenido del artículo 92.3 para hacer más posible la democracia directa en los términos que se planteó en los primeros debates constitucionales. Pero no quiero rechazar absolutamente esa posibilidad. Por ejemplo, la actual ley orgánica no rige para los ayuntamientos. A lo mejor en el ámbito local es posible iniciar ese camino, sobre todo teniendo en cuenta que las repercusiones políticas de la decisión popular en materias de competencia municipal no tienen por qué tener un gran impacto fuera del municipio en concreto. Y si vamos experimentando poco a poco a lo mejor nos damos cuenta que, a pesar de sus defectos, la democracia directa tiene virtudes importantes.
      También es relevante tener en cuenta en una hipotética regulación de los referendos, la cautela de no aceptar, sin más, la imposición de una mayoría de 51 a 49 para modificar determinados elementos de nuestro sistema. Así por ejemplo, yo creo que para modificar el marco de los derechos fundamentales deberían requerirse mayorías más cualificadas, 60/40 o 70/30 por ejemplo.
      En cualquier caso me parece necesario que se mantenga el debate sobre la importancia de mejorar las tres dimensiones de la democracia y, en relación a la dimensión directa, trascender la preocupación o el miedo a que se utilice únicamente para proponer la modificación de la organización territorial del Estado. Hay muchas más materias que pueden interesar a la ciudadanía.

  4. La democracia directa o plebiscitaria no puede significar endosarles a los ciudadanos la decisión directa sobre múltiples cuestiones acerca de las que no puede formarse un juicio competente, por estar cada una de ellas cuajada de matices, distintos ángulos y diversas soluciones posibles y de resultados inciertos.La democracia plebiscitaria o el recurso a los referéndums pueden ser un complemento o un ejercicio positivo de democracia directa. Pero no olvidemos que la democracia representativa tiene una mejor disposición para fomentar la responsabilidad, tratar la complejidad y el pluralismo e, incluso, para promover la deliberación. En una democracia plebiscitaria nadie está obligado a responder por los resultados y consecuencias de las elecciones políticas que se adopten. Nadie “se hace cargo” del resultado del plebiscito.

  5. Olga dijo:

    Bienvenido a la Blogosfera, Fernando. Aquí nos encontramos. Saludos

  6. Maria Josr dijo:

    Me pregunto, si los referendums directos seran realmente la panacea para retomar ese interes de los ciudadanos en la vida publica o se convertiran en un instrumento de los partidos para manipular a los votantes? Y ojo! Que no hablo de ciudadanos sino de votantes…

    • Carmen dijo:

      No son la panacea ni la solución única para una democracia de mayor calidad. Pero si puede ser la solución para una causa y un momento determinado.
      Tampoco las listas abiertas solucionaran todos los problemas de nuestro país.

      • No hay soluciones ni fáciles ni únicas. Creo que es importante abrir canales de decisión directa de la ciudadanía sabiendo que eso puede ser pasto del populismo y de la irracionalidad, pero seguramente esos argumentos también se utilizaron históricamente para no admitir el sufragio universal y limitar el voto a los que tuvieran rentas (sufragio censitario) o a las mujeres (no estaban preparadas). Además de la democracia directa se nedcesita mejorar en las otras dimensiones de la democracia. En la representativa todo lo relacionado con la forma de elegir los representantes (tema suficientemente amplio como para que no quepa aquí) y en la dialógica o deliberativa para establecer de manera ordinaria momentos, espacios y canales que permitan conocer y contrastar argumentos, no sólo de las personas con responsabilidad política, también de nuestros vecinos y vecinas.

  7. Carmen dijo:

    Un buen texto. Señalas con claridad las circunstancias que nos han llevado a esta situación (transición de elites) y las salidas: más participación, más proporcionalidad del sistema electoral… pero sobre todo uno del que no se habla mucho y en mi opinión es muy importante: el control social.
    Si queremos una democracia de mayor calidad es absolutamente necesario un papel más activo de la ciudadania.

  8. anskari dijo:

    Excelente trabajo, Fernando. Vaya con los “padres de la constitución”!! Por una parte, la hipocresía de la derecha franquista que de un día para otro se pone a dar lecciones de democracia; y por otra la de los comunistas recién llegados al poder, protegiéndonos a todos del peligro de “tomar decisiones equivocadas” (¿lo de “soberanía parlamentaria” de JST qué es, un lapsus?)

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