Sinécdoque, participación y democracia

Sinécdoque: Designación de una cosa con el nombre de otra, aplicando a un todo el nombre de una de sus partes, o viceversa, a un género el de una especie, o al contrario, a una cosa el de la materia de que está formada, etc., como en cien cabezas por cien reses, en los mortales por los seres humanos, en el acero por la espada.(RAE)

Esto nos dice el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Es una palabra curiosa porque define una costumbre, una práctica que hacemos muchas veces sin ser conscientes de que estamos utilizando esa sinécdoque. (Que levante la mano quien conozca o recuerde la sinécdoque).

Cuando alguien ve un rebaño de ovejas y dice que debe tener al menos cien cabezas, nadie se imagina que se refiere a cien cabezas sin cuerpo, sino a cien ovejas, con sus patas y su cuerpo. Animales vivos que pastan.

La participación ciudadana, la parte por el todo

Cuándo se habla de participación ¿no estamos haciendo una sinécdoque de democracia? Tomamos la parte por el todo. ¿Qué es la participación sino la forma de ejercer el  poder del pueblo,  fundamento de la democracia? ¿Por qué entonces, la participación aparece separada de su tronco como la cabeza en el caso de la oveja? Es más, en el caso del rebaño seguro que nadie piensa en cabezas trotando por los verdes prados; en cambio, respecto de la participación, no se la suele identificar como parte de un sistema político que conocemos como democracia.

Para mejorar la participación debe abordarse la mejora del sistema democrático en su conjunto. No existe una participación que va por un lado y una democracia que va por otro. Como en la cabeza de la oveja, en el momento en que vayan separadas ya no estaremos ante una oveja. Hay una canción preciosa en euskera, Txoria txori (recomiendo la versión de Mikel Laboa con el Orfeón Donostiarra) que dice así:

El Pájaro es pájaro/Txoria txori

Hegoak ebaki banizkio/ Si le hubiera cortado las alas
nerea izango zen/ habría sido mío,
ez zuen aldegingo/ no habría escapado.

Bainan, honela/ Pero así,
ez zen gehiago txoria izango/ habría dejado de ser pájaro.
eta nik…/ Y yo…

txoria nuen maite/ yo lo que amaba era un pájaro.

No puede haber pájaro sin alas, no puede haber democracia sin participación.

La característica principal del sistema democrático es cuál es la fuente del poder. Y según nuestra Constitución “la soberanía reside en el pueblo del que emanan todos los poderes del Estado” (artículo 1).

Política, una actividad ciudadana

¿Cómo se ejerce ese poder? ¿Cómo fluye ese poder hacia los “poderes” del Estado? Mediante la participación en la política. Nuevamente hago una llamada al diccionario que nos define la política como “Actividad del ciudadano (y la ciudadana, también) cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo”. Es pues, la política una actividad principalmente ciudadana y lo suficientemente importante para no dejarlo en manos de unos pocos. Platon dijo “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”, y yo añadiría, “si nada haces, nada esperes”.

Tan importante es esa actividad ciudadana que en la Grecia clásica se consideraba absurdo que alguien no participara en los asuntos públicos[1]. Se le consideraba “idiotés” que, inicialmente tenía el significado de “particular”, persona que se ocupa de sus asuntos y no le interesan las cosas comunes o colectivas. De ahí fue derivando el uso de la palabra al insulto que hoy supone llamar idiota a alguien[2].

Por tanto, cuando la ciudadanía no toma parte en la política, no participa, lo que está en riesgo no es la participación, sino la democracia.

Se necesita una política para la mejora de la democracia

Tres dimensiones: representativa, directa y dialógica

Es hora, pues, de promover políticas que tengan como objeto el sistema democrático en su conjunto no solo una parte de él. En este libro[3] hablábamos de las tres dimensiones de la democracia, tres formas en las que el pueblo puede ejercer su soberanía y tomar parte en la política. La dimensión representativa en la que se eligen representantes, la dimensión directa en la que se decide directamente, sin intermediación y la dimensión dialógica en la que ni se eligen representantes ni se toman decisiones.

Esta tercera dimensión que algunos llaman “democracia participativa”, (entre ellos el Tribunal Constitucional español a partir de una sentencia de 1995) no tiene ni el carácter de representación, porque las personas que “participan” no han sido elegidas por el pueblo, ni el de decisión directa porque no está convocado el conjunto del pueblo.

Son necesarios esos canales de debate, propuesta, sugerencia, queja, reclamación, protesta, resistencia… Las personas elegidas que actúan como representantes no tienen el don de la infalibilidad y para ganar en eficacia, deben tener puentes de diálogo regular con la ciudadanía. Y la ciudadanía no debe limitar su intervención en la política a la votación de representantes o, cuando sea llamada, a emitir su decisión sobre alguna propuesta sometida a referéndum. Existen muchas formas de ser activo en la vida política, para no ser “idiotés”. Destacaré tres ámbitos de implicación en lo colectivo.

Tres ámbitos de participación

Por una parte la participación cívica (yo y los míos) aquella que consiste en ser un ciudadano educado que no ensucie los espacios públicos, que separa los residuos que produce, que se queja del funcionamiento del transporte público, del centro de salud o de la escuela y envía esa reclamación porque quiere (y tiene derecho a) que los servicios públicos funcionen correctamente.

Es muy importante esa participación en la mejora de los servicios públicos pero debemos señalar desde ahora que tiene dos características que la diferencian de las otras formas de participación que se explican a continuación. El motor de la actuación es el legítimo interés particular y, normalmente, el receptor, gestor y quien responde a esa actuación es el nivel técnico de la institución: oficinas de atención ciudadana, sistema de recogida de quejas, tratamiento de las peticiones…. En raras ocasiones es necesaria la intervención del nivel político (Concejalías, Consejerías, Ministros…)

Un segundo ámbito es la participación comunitaria (nosotros y los nuestros). Cuando me junto con otras personas y no solo me preocupo de mí, sino que participo de un nosotros, aunque sean unos pocos, formando parte de una asociación, poniéndome  de acuerdo con otras para desarrollar un proyecto social, económico, cultural, deportivo… Cuando hago eso estoy creando comunidad, capacidad de acción, capital social.

Cuando tomo (soy) parte de una comunidad, cuando me junto con otras, tengo unas experiencias significativas que comparto y de las que pueden nacer proyectos que van más allá de “mi” interés puramente personal, estoy colaborando en la creación de un “nosotros”.

Pero esa comunidad no siempre tiene relación con la política, ese “nosotros” sigue acogiendo aquellas personas que comparten un mismo proyecto o una misma ilusión. Es muy importante que existan muchos grupos de “nosotros” porque con esas redes sociales se pueden construir nueva ideas.

En este caso, el motor de la actuación es el interés compartido y a partir de éste se crean las relaciones con otros grupos y con los poderes públicos.

Finalmente la participación ciudadana (efectos “erga omnes”), cuando el grupo del cual formo parte es la polis, la política. Cuando intervengo, incido, influyo, me resisto, provoco, construyo, dialogo, o disputo el poder al poder, entonces estoy participando como sujeto político, participando en la política, cuya consecuencia son decisiones que afectan a todos (“erga omnes”) no solo a los nuestros.

Hay muchos gobiernos en el mundo que se conforman con la participación individual. “…Dígame usted donde quiere que le ponga el banco”, “…dígame usted de qué color quiere que pinte la ventana del colegio”, “…dígame usted como quiere que sea la pista, el asfalto o la cancha de deporte”. No se discute el núcleo esencial de la política, por qué debe hacerse una actuación determinada, qué finalidad persigue, qué intereses protege o defiende; esa es la parte importante de la participación en la política, esencia del sistema democrático.

La política es ejercicio de poder lo que supone que las decisiones políticas se imponen a todas las personas, estén o no de acuerdo con dicha decisión. Por eso es importante que los canales de participación política (participación ciudadana) sean claros y eficaces.

Pueblo, es el plural de minoría, nos dice Pierre Rosanvallon. Es el conjunto de esas diferentes minorías que conforman esa unidad ideal que hemos convenido en llamar pueblo.

En conclusión

La política para la mejora del sistema democrático es, pues, algo más que la política para la participación. Y la participación es algo más que tomar parte en órganos, procesos, fórums…

Habrá que ir con cuidado y no reducir la democracia a la participación en esos canales. No debe tomarse la parte por el todo.

[1] Alguien que pudiera y no quisiera participar, obviamente, porque las mujeres y los esclavos aunque quisieran no podían.

[2] Para más información http://etimologias.dechile.net/?idiota

[3] Democràcia local en temps d’incertesa. Brugué, Pindado, Rebollo.  2015. Barcelona. Associació Catalana de Municipis.

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